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RELATOS PORNO
Crónica del desamor (Fantasía)
por nugh (Almería - España)
19-04-2012
Disfrutaba, debajo de la ducha, del agua caliente que se escurría por su piel con trémula sensualidad. Después, ante el espejo, se secó, enrolló la toalla alrededor de su cintura y se peinó con movimientos precisos.
Salió descalzo al pasilo y entró en la cocina. Olía a tostadas y a café. Bea se volvió sonriente al notar su presencia. Vestía una camiseta blanca de algodón y unos pantalones cortos negros, y las formas de sus tetas se marcaban duras y apetecibles debajo de la tela. Yago se sirvió una taza de café.
Ella se acercó desde atrás. Pegó su cuerpo al de él y su mano apartó con delicadeza la toalla y tomó su sexo. Yago la dejó hacer durante unos segundos, sin moverse. Bea le acariciaba y le transmitía el calor de su cuerpo contra la espalda desnuda.
Él se giró al poco y la besó en la boca. Le quitó la camiseta y dejó al aire sus hombros y sus pechos. Los palpó mientras ella tocaba su polla con delicados movimientos de los dedos, y dejaba escapar dulces gemidos de sus labios. Bea comenzó a recorrer el cuello de Yago con lentas lametadas, después descendió hasta los duros pezoncitos y se entretuvo en recorrerlos una y otra vez mientras sus manos expertas masajeaban dulcemente los testículos y el ano. Cuando sintió que su excitación llegaba al paroxismo se arrodilló delante de él, tomó su polla con la mano y recorrió sus huevos y su culo con la lengua. Yago contuvo su respiración entrecortada cuando sintió en el glande la cálida humedad de la boca de Bea mientras su mano batía con energía el tronco de su polla.
No quiso correrse. La ayudó a levantar cogiéndola por las axilas y la llevó hasta el dormitorio. Cayeron desnudos en la cama. Sus bocas se unieron en un beso largo, apasionado; después lamió su cuello y los lóbulos de las orejas; entre jadeos, sus labios musitaban palabras procaces, le contaba la forma como el lobo se follaba a la ovejita. Recorrió con la lengua las enormes areolas marrones de sus tetas: sabía que eso le volvía loca. Chupó desesperadamente el pezón derecho mientras con las manos estrujaba las tetas en un balanceo creciente. Sintió que Bea se corría por la contracción de su vientre y los grititos descontrolados. Un tibio olor de océanos ondeaba sobre el lecho. Plantó su cara entre sus muslos, olisqueó el vello rizado y saludó con la punta de la lengua al clítoris enhiesto de un rojo brillante que se contraía de placer. La boca de Yago se llenó de un recio sabor de algas marinas.
Pero todo pareció hundirse en el fondo de la nada, en la oscuridad de un sideral agujero negro, cuando su mente comenzó a percibir que f1otaba en un sueño. Regresaba con lentitud a una realidad confusa, mientras pugnaba por recuperar las imágenes que escapaban veloces de su cerebro, los olores y los sabores que huían, el tacto cálido de la piel de Bea, la humedad caliente de los besos. El sueño cabalgaba hacia el olvido irremediable.
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COMENTARIOS
Hay 1 comentario
Muy bieno, quién no ha tenido sueños semejantes, pero pocos tan bien contados como éste. Te felicito |
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